La historia de un parto amoroso, respetado y libre.

Conocí a Cynthia un mes despúes de que nacieron nuestras hijas y en medio de un post parto muy duro. Desde entonces acompañadas de otras dos grandes mujeres hemos construído una tribu, un grupo de apoyo. Compartímos nuestras experiencias y nos damos contención unas a las otras. Te cuento su historia…”el cuerpo de una mujer está diseñado para pairir” dijo mi padre y no se equivoco…..

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Cuando supe que estaba embarazada comencé a leer miles de relatos de parto en los que la mayoría de las veces el sentimiento que me quedaba era tranquilidad, es decir todo se leía tan perfecto y aunque tenía la idea de que parir no era una tarea fácil, no sabía lo que en realidad sería pero ahora que tengo a mi pequeña conmigo he pensado mucho en todas esas maravillosas historias que leí y me queda la sensación de incredulidad, porque sí, te puedo jurar que es la mejor experiencia de vida que tengo pero al mismo tiempo afirmo que ha sido lo más difícil que he vivido.

Siempre quise escribir mi propia historia pero por alguna razón lo había dejado para mañana y así han pasado casi dos años, ahora que una gran amiga me lo pide lo hago gustosa y aprovecho la oportunidad para revivir ese día.

Durante mi embarazo me incliné hacia una crianza natural, traté de informarme y decidí que quería tomar cursos psicoprofilácticos porque estaba decidida de querer un parto vaginal (además confieso que soy miedosa para cualquier cirugía, entonces me venía perfecto querer un parto) ahí encontré también que además de tener un parto vaginal y natural ¡podía hacerlo en agua! La idea nos encantó a mi esposo y a mí. Llegamos a nuestra consulta en la semana 28 con el ginecólogo para avisarle nuestro gran plan. –“Solo las ballenas deben parir en el agua” fue su respuesta. Sentí que el mundo se me caía, a estas alturas en dónde iba a encontrar quien respetara la forma en que YO quería traer al mundo a mi bebé. Sucedió, lo encontré y fue lo mejor que nos pasó, desde que lo conocimos supimos que él era el ginecólogo indicado para acompañarnos el día que íbamos a conocer a nuestra hija.

Pasaron las semanas, exactamente a las 39+5 SDG llegó el gran día, fue un jueves 21 de Noviembre del 2013 a las 3:13 am estaba dormida y desperté porque sentí un ligero ¡plop! entre mis piernas, me levante rápidamente y ahí estaba… ¡Se había roto la fuente! Le grité a mi esposo despiertaaaaaa ya va a nacer!!!!!! (ilusa, no sabía tooooodo lo que faltaba jajaja) por suerte mi mamá había llegado ese día a la ciudad entonces al escuchar el alboroto despertó y se quedó a mi lado mientras le llamaba al doctor para avisarle la gran noticia, él por supuesto muy dormido me contestó y dijo -“prepárate hoy vas a conocer a Lola, espera aproximadamente una hora para que empiecen tus contracciones, contabilízalas y te veo en el hospital a las 9:00 am”. Estaba muy tranquila y ya tenía todo listo para llevarme al hospital, traté de dormir otro rato pero no lo logré, pusimos una película y por arte de magia comenzaron las contracciones, nadie me dijo que llegarían tan de pronto y cada 5 minutos como un relojito, llegando las 8 am ya eran más frecuentes entre cada 3 y 4 minutos con duración de 35-45 segundos. Nos fuimos al hospital y ya instalados en la habitación le llamamos a las doulas que me iban acompañar.

Al cabo de unos minutos llego mi ginecólogo y me revisó para ver cuantos cm tenía de dilatación, “Tienes 3” me dijo y yo me sentí contenta, al fin y al cabo aun no me estaba doliendo mucho. Me relajaba mucho sentarme en la pelota de yoga durante las contracciones, pensaba que cada contracción que pasaba era una menos para conocer a mi bebé, mi Lola. Mi esposo fue parte fundamental del parto, puedo decir que fue NUESTRO parto, fue en quien yo podía confiar plenamente, estuvo ahí al pie del cañón; ayudándome, sosteniéndome, hablándome en silencio y mirándome con tanto amor que yo sabía que todo valdría la pena. Pasaron 3 horas y regresó nuestro doctor a revisarme, las contracciones ya eran más intensas y yo estaba bajo el agua caliente de la regadera mientras mis doulas y mi esposo me daban masajito, me dijo que ya tenía 6 cm, nos explicó que dos más y me iba a la tina en dónde el dolor cedería. Todo había estado fluyendo… Me sentía muy conectada a Lola pero temerosa de que algo no saliera bien, asustada de no aguantar, con millones de dudas.

Pasaron 2 horas más y con el tiempo el dolor aumentaba, empezaba a sentir que no iba a lograrlo, llegó el doctor y cuando me revisó de nuevo me dijo: “Seguimos en 6 Cynthia pero no te desesperes, todo va a estar bien, vas muy bien” en ese momento sentí frustración, mucho miedo y comencé a llorar, ¿cómo era posible que habían pasado ya 2 horas más y yo cada vez me sentía más cansada y débil y no había avanzado la dilatación? (debo mencionar que no quise comer ni beber nada durante mi labor, aunque mis doulas y mi esposo estuvieron insistiendo yo todo el tiempo tuve náuseas y cero apetito), mi espalda termino rojísima por todo el tiempo que pasé bajo la regadera con agua muy caliente, empecé a sentir que me estaba volviendo loca. Veía a mi mamá y me daba cuenta por su cara de angustia que en realidad estaba asustándola, comencé a enojarme y gritar que necesitaba ayuda con el dolor, lloré y grité porque me dijeron después de un par de horas más que la tina en donde Lola iba a nacer estaba ocupada pero que ya estaban acomodando una para mí, sentí que las cosas no estaban saliendo como yo quería y comencé a rendirme y a dudar de todos, me sentí herida, engañada y frágil, estaba perdiendo el control. Les dije por primera vez que me pusieran epidural porque no estaba teniendo el efecto analgésico del agua que tanto había buscado, entonces comencé a ver que estaban cayendo gotas de sangre y voltee con mi doula muy asustada pero ella me tranquilizó con sus palabras diciéndome ¡yaaaa! ¡Eso significa que ya vieneee vamos al agua ya va a nacer!

Bajamos al cuarto acuático en donde estaba mi tina, cuando íbamos bajando le dije a mi doula: tengo muchas ganas de pujar, ya no aguantooooo y hacíamos paradas técnicas cada vez que tenía una contracción para pujar y manejar el dolor en lo que llegábamos al agua. Le pregunté que si ya estaba completa mi dilatación y me dijo: ¡ ya Cynthia ya estás en 15, ya viene!. Aun así les dije a todos que de todos modos quería al anestesiólogo muy cerca por si lo necesitaba, mi esposo entro conmigo al agua e inmediatamente sentí alivio, me relajé mucho con las luces tenues, sintiendo el agua calientita en todo mi cuerpo y mi esposo abrazándome. Llegaban las contracciones y con ellas un sentimiento de temor, pujaba y a la vez sentía que no quería que naciera, estaba asustada. Mi esposo me dijo bajito que ya se veía su cabeza y sentí alivio, al mismo tiempo preocupación porque todo terminara bien, pero terminaba la contracción y Lola se regresaba. Yo cada vez me sentía más asustada, había un reloj frente a mí, 5:05 pm ví y pensé… “Yo no voy a poder aguantar 5 minutos más con vida” estaba ya muy cansada y dolorida pues habían pasado 17 horas desde que comenzamos, sentí que el tiempo se detuvo y así fue como llego al mundo mi Lola, cuando me entregué plenamente a lo que pudiera pasar y solté mi vida, llegó la suya. Iluminó toda la habitación con un grito estruendoso y los ojos más abiertos que he visto en un bebé y me miró como diciendo “lo logramos mamá”… En ese momento entendí el impacto que causa el nacimiento en la madre y el bebé. Me sentí poderosa, fuerte y capaz además de muy afortunada de haber podido sentir cada instante de cómo Lola llegó al mundo a través de mi cuerpo, recuerdo perfectamente su olor y puedo sentir aun nuestra piel calientita conociéndose por primera vez.

La experiencia más difícil, sí y también la más dolorosa… Pero no la cambiaría por nada, con todos sus contratiempos y sentimientos encontrados. Así de intenso como empezó nuestro camino juntas ha seguido nuestra vida, recordando ese día con tanto gozo y orgullo y diciéndole a Lola “lo logramos bebé”.

Cynthia

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¿Por qué las mamás suben tantas fotos de sus hijos a Facebook?

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Hace unas semanas leí un “artículo” que hablaba de los  10 contactos de Facebook que son molestos y en este incluían a los padres que suben millones de fotos de sus hijos y bueno, me llamó la atención que varios de mis contactos lo compartieron recalcando que sí efectivamente los padres somos entes molestos en su timeline.

No pude evitar pensar en DOS puntos importantes, cabe señalar que solo los pensé a nadie le comenté ni lance indirectas desde mi muro.

Respondiendo a la pregunta de este post de por qué subimos fotos he aquí las concretas y sencillas respuestas:

1. Por qué quiero; con algunas fotos y anécdotas puedo compartir con mi familia que está lejos el maravilloso crecimiento de mi hija, sus logros y sus avances. Podría enviarlas por Whatsapp solo a los interesados pero hay tanta gente que ama a mi hija que invertiría todo el día en enviar la foto del día o el vídeo con las nuevas gracias.

2. Por qué puedo; Facebook y demás redes son espacios de libre expresión. En realidad hay gente más molesta a la que no se le incluyó en esta lista y aun así hasta esos personajes tienen derecho a expresarse por medio de esta red, para eso es!

Me queda claro que ya hay un supuesto manual de “etiqueta” en redes pero en este caso prefiero saltármelo y despreocuparme por lo que digan los demás y postear cuanta foto de mi hija se me apetezca.

Solo espero que a Mark Zuckerberg no le moleste y cierre mi cuenta.

Al convertirme en madre he vivido momentos maravillosos y hay días que quiero que el mundo entero lo sepa, en realidad me emociona y no dudo que a los 4 abuelos también les encante por qué no falta su “like” en la foto del día.

Algunas madres no lo hacen por temas de seguridad y me parece absolutamente válido y respetable. En mi caso soy muy cuidadosa con los filtros de seguridad y privacidad, jamás dejó una foto publica pero sobre todo en mi Facebook solo acepto personas que conozco y en las que sé que puedo confiar. No exhibo fotos de mi hija desnuda, ni con caras simpáticas que después puedan terminar siendo un “meme” soy muy cuidadosa con eso.

Dicho lo anterior, creo que si a algunos contactos no les gustan las fotos que como madre compartimos la solución puede ser muy simple;

  • Ocultar el perfil de ese odioso padre enamorado de su hijo
  • Sé más radical y ELIMÍNALO de la lista de amigos

En resumen, las subimos por que amamos tanto a nuestros hijos que disfrutamos compartir con medio Facebook (y mundo).

Es maravilloso contar con estos canales de comunicación y es completamente válido que cada quien haga con su muro lo que le haga feliz.

Ahora…te gustar postear fotos de tu hijo?

Retomando lo anterior estos pueden ser puntos a considerar.

1. Cerciórate de la privacidad de tu perfil

2. No aceptes perfiles que no conoces. Aunque se haya portado linda esa mujer del supermercado que te ayudo con tus bolsas NO LO HAGAS

3. Antes de subir una foto verifica con los iconos de que la publicación sólo es para tus amigos

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4. Si etiquetas a alguien, selecciona la opción de que solo pueda verla aquella persona que etiquetaste, sus amigos no pues no los conoces a todos.

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5. No subas fotos dónde creas que tu hijo está haciendo una cara súper divertida que pueda acabar siendo un meme famoso

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6. No desnudos, JAMÁS ni en su tina de baño con el divino y amarillento pato de hule

7. No uniformes de escuela

8. Depura tu Facebook, hay gente que en realidad no debería ver las fotos de tus hijos

 

Pd. Dejaremos de subir fotos de nuestros hijos en Facebook el día que:

  • Dejen de compartir imágenes que dicen “con tu like puedes salvar la vida de este niño” “no me compartirás porque soy la virgen y te avergüenzas de mi”
  • Cuando esa gente que cuenta todos sus problemas en Facebook vaya al psicólogo y se los cuente a él o sino, entonces que nos platique como termina el drama.
  • Cuando algunas personas dejen de lanzar indirectas muy directas

La lista es inmensa pero bueno ese día dejaremos de hacerlo, por lo pronto NO.

Tener un bebé prematuro es una experiencia dulcemente dolorosa

Cuando conocí a Matteo, tenía mi nombre escrito en una etiqueta pegada en el pecho.

Era tan chiquito que los brazaletes del hospital no le quedaban y yo al verlo no podía creer que ese bebé tan pequeñito pudiera sobrevivir. Pesaba 800 gramos y medía 33cm y con sus ojos cerrados tiraba golpes al aire con sus pequeños puñitos, como si peleara de verdad contra todo lo que amenazaba con no dejarlo vivir.

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Una pre eclampsia no diagnosticada a tiempo fue la causa de su nacimiento a las 27 SDG, estuvo hospitalizado 66 días y se fue a casa dependiente de un tanque de oxígeno que usó por seis meses más. Cuando comía no respiraba y algunas veces se ponía azul. Tenía reflujo severo y casi no dormíamos cuidando que no se ahogara por las noches.

No hay forma en que alguien pueda prepararse para lo que es tener un bebé prematuro. El no conocerlo al nacer, la incertidumbre de si vivirá o no, el vivir cada día con la angustia de no saber si habrá buenas o malas noticias, el ver ese ser indefenso y a la vez tan fuerte conectado a cables y tubos. No poder abrazarlo y besarlo por días o semanas hasta que su salud lo permita. Escuchar uno tras otro los reportes de los médicos, con diagnósticos de complicaciones que dejarían secuelas de por vida. La imprudencia bien intencionada de amigos o familiares que te dicen: “Si no va a quedar bien, mejor que Dios lo recoja”.

Dejar el hospital con los brazos vacíos es desgarrador. Los dolores de parto no son físicos, son del alma y del corazón.

Luego al ser dado de alta te preguntas ¿Qué harás en casa con un bebé tan pequeñito? Te cuestionas si serás capaz de cuidarlo.

Matteo es muy afortunado pues de todas las complicaciones usuales de un prematuro, la peor que tuvo fue una hemorragia cerebral grado IV e hidrocefalia.

No solo su vida es un milagro, es un milagro que camine, que sonría, que sea un niño inteligente, que pueda comunicarse y eventualmente llevar una vida normal.

Para llegar a esto fueron necesarias muchas terapias, sobre todo terapia física para que lograra poco a poco lo que un niño que nace de término logra sin la menor dificultad; rodarse, sentarse, gatear, caminar, cada pequeño logro ha sido para nosotros un triunfo y un motivo de celebrar.

Sabemos que hay familias que no han sido tan afortunadas y aunque nuestra carga a veces es pesada es más la alegría de estar vivos y estar juntos.

Tener un hijo prematuro es una experiencia tan intensa y tan difícil que es casi imposible concentrarlo en unas cuantas líneas.

Matteo ha sido para mí la luz y la obscuridad; el dolor más intenso y la alegría más grande. Una experiencia dulcemente dolorosa, que no cambiaría, aunque pudiera.

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María Fernanda Oca mamá de Matteo.

Soy una mamá real.

No por escribir desde este blog o estas redes significa que soy una madre perfecta. Jamás he pretendido que se piense eso. Soy una madre de carne y hueso, como tú que me lees.

Todos los días aprendo algo nuevo, sigo preguntando a otras madres. Hay temas que no domino y que la cotidianeidad me obliga a investigar. Afortunadamente hay mucha información y eso en algunos casos facilita el aprendizaje de algunos temas.

Comparto a través de estas redes un estilo de crianza con el cual me siento identificada y sobre todo en el que creo pero eso no me hace perfecta, no quiere decir que en casa todo es color de rosa, no lo es.

Te cuento…

Todos los días me despierto con la firme intención de ser mejor madre, por las noches pienso “hoy pude haber hecho mejor esto, tal vez mañana me esfuerce más en esto”. Soy del tipo de personas que si hará algo lo hace bien y mi maternidad ha sido un gran reto que se confronta con esa parte de mí personalidad así es que, he tenido que aprender a manejar mi frustración y acepto que ha sido sumamente difícil.

Siempre he apostado por la comunicación sana y asertiva sobre todo ahora con mi hija pero también soy humano. Dos años he trabajado incesantemente en mi temperamento y a veces tropiezo. Cada día tengo más claro que no soy perfecta y he descartado de mis planes serlo.

Hace poco tuve un día complicado y coincidió con uno de ella y buenoooo!, la casa echaba lumbre. A media tarde rompí en llanto, iba manejando y tuve que detenerme para respirar tomar aliento y después disculparme con ella. Ella desde atrás me decía “mamá no lloles”, no me preocupa que me vea llorar para mi es importante que sepa que mamá es fuerte cuando es necesario pero que también puede llorar porque siente y a veces la pasa mal.

Resulta que teníamos prisa y el estrés hizo de las suyas, ella no cooperaba y todo empezó a salir mal. Después de un estira y afloja logre entender lo que ella necesitaba y volvió la calma pero dentro de mi había algo que me hacía sentir mal, entre llantos tome el teléfono y le escribí a mi esposo “soy la peor madre del mundo” entre varias palabras que me dijo estaba la frase; “No pasa nada, es normal que te desesperes de vez en cuando y eso no te hace una mala madre, te hace una madre real”

Tal vez nos conocemos tanto que supo cuáles eran las palabras que yo necesitaba en ese momento. Caí en cuenta; SOY UNA MADRE REAL! No hay nada detrás de eso más que lo que soy, un humano.

Intento ser lo mejor para ella pero las madres tenemos días en que simplemente las cosas no fluyen y eso no implica que no sepamos ser madres, más bien esos días malos debemos convertirlos en aprendizajes. Ese día aprendí algo valioso: Siempre hay oportunidad de rectificar y mejorar.

Se vale sentir de todo pues así es la maternidad, llena de dualidades. Somos personas construyendo a pequeñas personas y detrás de cada una de nosotras hay; sentimientos, temperamentos y una historia de vida, todo eso se combina para ejercer nuestra ardua labor.

No tengas miedo a equivocarte, convierte esos días difíciles en experiencias y aprendizajes después úsalos a tu favor, haz de tus debilidades fortalezas, aprende con tu hijo y crece con él. Tenemos a nuestro favor su profundo amor, tu hijo jamás sentirá que has fallado.

Habrá días que pienses que echaste todo a perder pero siempre habrá un día nuevo para ser mejor. Seca esas lagrimas, abrázalo y déjate llevar.

Dormir de corrido y dejar el biberon sí es posible.

En estos últimos días tuvimos cambios radicales y muy importantes en nuestros hábitos y rutinas; dormimos ahora de tirón y dejamos el biberón.

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Veía lejano el día que ambas cosas ocurrieran, anhelaba más dormir que dejar de dar el biberón, vaya! Lo segundo no estaba ni en planes (que no lea esto el pediatra porque ah como había insistido los últimos meses)

Ya casi dos años y seguíamos con despertares nocturnos, había días que solo uno a media noche pero en ocasiones hasta tres. Hace unos 15 días empezamos a dormir de corrido. No había e incluso, no he cantado victoria pero me siento como esos corredores que están cerca de alcanzar el triunfo y en la meta dice “DORMIR DE CORRIDO” pero los niños cambian tanto sus hábitos que tal vez en unos días este contando por acá que volvimos a lo de antes.

El biberón también ahora es cosa del pasado, de repente los hábitos hacen que se exclame por ahí con un tono dulce “mamá bibí” en cuanto lo ofrezco recuerda que ya no lo toma y lo deja a un lado. Sí, si pide se lo doy aunque al segundo lo rechace.

Tal vez cuando termines de leer te sientas decepcionada de este post, pero créeme tengo un punto. Continúa leyendo…

Se dice que el sueño de los niños es el santo grial de toda madre, buscamos y leemos millones de artículos con tal de saber qué hacer para que el hijo duerma de corrido, incluso yo los leí, busque homeopatía, aromaterapia, flores de bach y cuanta cosa me ofrecieron hasta que entendí que eso no iba a pasar y que todo eso a Torbellino le hacía NADA solo estaba gastando mi dinero y parecía que hasta dormía menos.

Entonces cómo lo logramos? Qué hicimos para dormir de corrido? NADA absolutamente nada, fue decisión de ella empezar a hacerlo, tal vez su fisiología o su anatomía le indicaron que era el momento. Lo que sí hice fue respetar sus tiempos y dejarla fluir a costa de mi propio cansancio (y el de papá)- Los adultos pasamos por varias fases del sueño incluso también despertamos por las noches pero nuestro cuerpo tiene la facilidad de volver a conciliar el sueño antes de que despiertes por completo.

De algo sí estaba segura que Torbellino no iba a cumplir 20 años y seguiría despertando a pedirme bibí por las noches.

Sí, parece una eternidad es sumamente cansado, si tu descansas tienen una mamá cuerda y descansada capaz de agotar toda la energía en el día con ellos, pero acéptalo eres madre. Quién estando embarazada se le ocurre pensar que dormirá como siempre, que no habrá un cambio en este aspecto? Es lógico, normal y entendible que tu hijo despierte por la noche, solo te digo dale tiempo. Sí es agotador pero esto pasará no es eterno. No recurras a métodos innecesarios para forzar algo que ocurrirá. Te lo firmo ante notario, sí dormirá un día de corrido. Aquí estoy sobreviví a 2 años de desvelos, no morí en el intento solo quizá enloquecí poquito más. JAJA!

El bibí? Uff que post tan pesado me hice hoy, tampoco hicimos nada no dijimos “que se lo llevo el gato” “se perdió” “ya eres grande” durante un viaje que hicimos se terminó su leche, compramos 2 diferentes ninguna le gusto y ahora cuando lo ve dice “no me gusta”. Los expertos recomiendan retirarlo antes de los 4 años pero en algunos casos es recomendable antes por temas relacionados a los dientes. Me encantaría contarte tips para que tu hijo lo deje pero insospechadamente Torbellino tomo sola le decisión de dejarlo.

Con los terribles 2 llegaron maravillosos cambios, lo veía lejano pero ahora sé que respetando sus tiempos todo es más fácil, nadie lo sufre y simplemente ocurre ESTE ES MI PUNTO

Siguiente meta dice “DEJAR EL PAÑAL” ya me estoy preparando ya te contaré…

Madre e hija, nacímos juntas.

Pareciera que fue ayer que llegue a casa con Torbellino en brazos, con el cuerpo partido a la mitad y el corazón fuera de mí ahora latiendo a su lado, con sentimientos encontrados, llena de dudas y miedos pero perdidamente enamorada.

Ese día no podía imaginar la aventura que estábamos por empezar.

El día que nos encontramos

Que mejor manera de empezar la semana, pues fue un lunes el día que nos miramos, nos tocamos, nos olimos y nos sentimos por primera vez. Fue algo más allá de lo físico algo espiritual, solo quién es madre podría entenderlo.

Llegando a casa había muchos planes, trabajamos por meses para recibirla. Mi sorpresa fue que iba a ser mejor improvisar y dejarnos llevar. Los días trascurrían llenos de descubrimientos, oficialmente estaba aprendiendo a ser mamá.

Al principio creí que yo sería su guía, y que iba a enseñarle muchas cosas jamás imaginé que sería mutua esa enseñanza. Torbellino se convirtió en una gran maestra

Estos dos años a su lado he aprendido a reír a carcajadas de las cosas simples de la vida, a mirar con asombro y detenimiento la naturaleza, a sentir el cosquilleo del césped en los pies y el viento en la cara en esas tardes de parque, a madurar a nivel personal, a trabajar en mi paciencia, a vencer algunos miedos, a reconocer y aceptar algunas de mis fortalezas y debilidades. He aprendido poco a poco a controlar mi carácter y trabajar mi frustración, a saber tomarme un par de minutos cuando estoy enojada antes de hacer o decir algo hiriente. Juntas aprendimos a tener logros maravillosos; aplaudir, sentarse, gatear, caminar, hablar, correr, cada uno me hicieron sentir tanta emoción que no pude contener las lágrimas.

Recuerdo ese primer “mamá” y fue mágico. También he aprendido a ver una obra de arte en unos coloridos garabatos, a echar a volar mi imaginación cuando pinta un gato y solo son un par de rayitas. Me ha enseñado a caminar despacio para ir juntas y al mismo ritmo.

Estos dos años he aprendido que en la maternidad no sólo se ríe, también lloras, sufres y te enojas, que no es de color rosa pues sí así lo fuera sería aburrido, la maternidad está llena de colores y matices.

Torbellino me ha enseñado a perdonar en cuestión de minutos. Recuerdo ese día que aventó el plato de sopa al piso, lloré y mientras limpiaba hice consciente que por muy enojada que este seguiría amándola siempre, seque las lágrimas y la abrace.

Para mí la maternidad ha sido una montaña rusa y una de las más retadoras y divertidas.

Ha sido maravilloso, único y mágico este encuentro que por muchas palabras que escriba ninguna se acerca a lo que una madre siente por su hijo.

Quisiera caminar a su lado siempre y aunque un día abra las alas quiero seguir cerca para verla plena y feliz. Sé que lo será, estoy segura.

Gracias Torbellino por elegirme, hace dos años nacimos juntas pues yo nací como madre.