Madre e hija, nacímos juntas.

Pareciera que fue ayer que llegue a casa con Torbellino en brazos, con el cuerpo partido a la mitad y el corazón fuera de mí ahora latiendo a su lado, con sentimientos encontrados, llena de dudas y miedos pero perdidamente enamorada.

Ese día no podía imaginar la aventura que estábamos por empezar.

El día que nos encontramos

Que mejor manera de empezar la semana, pues fue un lunes el día que nos miramos, nos tocamos, nos olimos y nos sentimos por primera vez. Fue algo más allá de lo físico algo espiritual, solo quién es madre podría entenderlo.

Llegando a casa había muchos planes, trabajamos por meses para recibirla. Mi sorpresa fue que iba a ser mejor improvisar y dejarnos llevar. Los días trascurrían llenos de descubrimientos, oficialmente estaba aprendiendo a ser mamá.

Al principio creí que yo sería su guía, y que iba a enseñarle muchas cosas jamás imaginé que sería mutua esa enseñanza. Torbellino se convirtió en una gran maestra

Estos dos años a su lado he aprendido a reír a carcajadas de las cosas simples de la vida, a mirar con asombro y detenimiento la naturaleza, a sentir el cosquilleo del césped en los pies y el viento en la cara en esas tardes de parque, a madurar a nivel personal, a trabajar en mi paciencia, a vencer algunos miedos, a reconocer y aceptar algunas de mis fortalezas y debilidades. He aprendido poco a poco a controlar mi carácter y trabajar mi frustración, a saber tomarme un par de minutos cuando estoy enojada antes de hacer o decir algo hiriente. Juntas aprendimos a tener logros maravillosos; aplaudir, sentarse, gatear, caminar, hablar, correr, cada uno me hicieron sentir tanta emoción que no pude contener las lágrimas.

Recuerdo ese primer “mamá” y fue mágico. También he aprendido a ver una obra de arte en unos coloridos garabatos, a echar a volar mi imaginación cuando pinta un gato y solo son un par de rayitas. Me ha enseñado a caminar despacio para ir juntas y al mismo ritmo.

Estos dos años he aprendido que en la maternidad no sólo se ríe, también lloras, sufres y te enojas, que no es de color rosa pues sí así lo fuera sería aburrido, la maternidad está llena de colores y matices.

Torbellino me ha enseñado a perdonar en cuestión de minutos. Recuerdo ese día que aventó el plato de sopa al piso, lloré y mientras limpiaba hice consciente que por muy enojada que este seguiría amándola siempre, seque las lágrimas y la abrace.

Para mí la maternidad ha sido una montaña rusa y una de las más retadoras y divertidas.

Ha sido maravilloso, único y mágico este encuentro que por muchas palabras que escriba ninguna se acerca a lo que una madre siente por su hijo.

Quisiera caminar a su lado siempre y aunque un día abra las alas quiero seguir cerca para verla plena y feliz. Sé que lo será, estoy segura.

Gracias Torbellino por elegirme, hace dos años nacimos juntas pues yo nací como madre.

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